Buscar en Mi-Pediatra

miércoles, 6 de febrero de 2013

El trauma acústico



Un reciente congreso médico puso de manifiesto la falta de políticas públicas para prevenir los riesgos de la población expuesta al ruido intenso y constante

Buenos Aires esté ubicada entre las cinco ciudades más ruidosas del mundo, lo cual indica la necesidad urgente de construir un mapa del ruido,porque cuando este fenómeno del ámbito ciudadano resulta lesivo para la audición y la salud se habla de contaminación sonora.

Esta particular forma de contaminación se ha tornado más que preocupante en Buenos Aires a partir de la década del 90 del siglo pasado y sigue incrementándose año tras año; el asedio al oído origina el riesgo de una pérdida gradual de la audición cuyo límite es la sordera. Por ello, y en ocasión de un reciente congreso médico de otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello, que tuvo lugar en Mar del Plata, se puso de manifiesto la falta de políticas públicas destinadas a prevenir el riesgo latente que hoy entraña el trauma acústico. Se llama así a la lesión que se produce en el oído interno, en personas que están expuestas a ruidos o sonidos intensos, constantes o súbitos. Cuando esa intensidad sobrepasa el nivel de los 90 decibeles (dB), lesiona las células ciliadas de la cóclea, oído interno, y se deteriora la capacidad de convertir los sonidos en estímulos eléctricos que llegan a la corteza cerebral a través de las vías nerviosas.


Según describe el doctor Vicente Diamante, el ser humano posee un sistema auditivo apto para percibir los ruidos y sonidos que pueblan la naturaleza, constituidos en su mayoría por frecuencias de tonos graves e intensidades que no superan los 90 dB. En el mundo cultural creado por el hombre, máquinas e instrumentos incorporados a la actividad cotidiana producen tonos agudos que llegan a intensidades que pueden superar los 150dB y deteriorar de manera irreversible la cóclea. Ese peligro afecta al personal de fábricas donde la producción industrial genera ruidos que exceden la tolerancia humana; asimismo, padecen un efecto semejante quienes trabajan en la calle, en horas de tránsito congestionado, como los conductores de vehículos de transporte.

En otro plano de la vida actual, dañan su audición en busca de una gratificación exagerada muchos chicos que escuchan música con auriculares o son concurrentes habituales a discos o boliches en los cuales el ruido ambiente alcanza con frecuencia los 110 dB. Estas conductas juveniles han sido exploradas por la Asociación Argentina de Otorrinolaringología y Laringología Pediátrica, en un estudio que dirigió la doctora Graciela González Franco.

Por lo tanto, es menester que menores y mayores estén informados de los riesgos a los cuales a menudo se exponen innecesariamente. Dicho de otro modo: el 30 por ciento de niños y jóvenes entre 10 y 24 años están expuestos a lesiones del oído interno por entregarse al ruido intenso y sus consecuencias, perjuicio que no tiene curación. Por eso se estima que alrededor de 3 millones de ellos han de sufrir de una audición limitada desde la juventud. Un consejo prudente a tener en cuenta que proporciona un especialista, el doctor Daniel Orfila, es colocar el volumen del aparato que se use a la mitad, dejar que el oído se habitúe a ese nivel y entonces bajar el sonido un poco más. También son recomendables los tapones que permiten reducir la intensidad del ruido en 20dB.