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viernes, 16 de octubre de 2015

Cómo introducir alimentos.

Teniendo en cuenta que la mejor recomendación es lograr una alimentación variada, que incluya los 6 grupos de la guía alimentaria para la población argentina:

1. cereales y derivados. Legumbres: arroz, trigo, maíz blanco, copos, sémola, avena, tapioca, porotos, arvejas, lentejas.
2. frutas y hortalizas.
3. lácteos (leches ,yogur, quesos).
4. carnes (res, aves, cerdo, hígado, pescado) y huevo.
5. grasas (aceite, manteca, crema, semillas oleaginosas de girasol, lino, zapallo y sésamo).
6. Azúcar y dulces.
 Los incorporamos en forma progresiva, a partir de los 6 meses, comenzando con 1 comida diaria, y 1 alimento nuevo cada 2 o 3 días, que el niño reconozca el color, olor, sabor y textura de los mismos, manteniendo la libre demanda (hambre-saciedad) hasta lograr las 4 comidas diarias más 1-2 colaciones a partir del año.
Ofrecer agua segura de a cucharaditas. La elección del horario debe tener en cuenta la disponibilidad materna (o del cuidador responsable) en primer término y la formación de hábitos.
La mejor opción es siempre el ámbito hogareño (no jardines maternales), con un entorno libre de distracciones (sin televisión / juegos), estimulando una comunicación placentera, con contacto visual, hablarle y dejarlo ver, saborear, tocar, ensuciarse, oír.
 Aconsejar la exposición reiterada a los alimentos. 
La preferencia por lo dulce es innata (en general la sostienen hasta los 2 años), en cambio la preferencia por lo salado se aprende.
 Es conveniente advertir que el rechazo al alimento nuevo es normal.
 Se aconseja ofrecerlos reiteradamente (hasta 10 a 15 veces), lo que lleva lentamente a la aceptación de los mismos.
La variedad en la preparación (modificando gusto, sabor y consistencias) puede estimular el consumo de alimentos complementarios (aumenta hasta un 10% de la ingesta calórica), en cambio la monotonía lleva a hiporexia.
 La consistencia óptima de inicio es la semisólida (papilla pisadapuré). El aumento de la consistencia y la variedad de los alimentos debe realizarse gradualmente conforme crece el niño (capacidad de deglución, requisitos y habilidades). A los 8 meses la mayoría puede consumir alimentos que se comen con los dedos.
Al año pueden consumir los alimentos de la familia, de consistencia sólida. Hay una "ventana crítica" para la incorporación de sólidos: alimentos grumosos antes de los 10 meses.
La continuidad con papillas por la facilidad y menor tiempo para alimentar a los niños, no debe entorpecer el aprendizaje.
 Los trozos duros, con riesgo de aspiración, (zanahoria cruda, nueces, pochoclos, uvas entre otros) deben posponerse hasta los 4 años.
Debemos asegurar la inocuidad de los alimentos (higiene y conservación): la incorporación de alimentos y el uso de utensilios para administrarlos se asocian al aumento de diarreas. La cocción, el lavado con agua segura, el almacenamiento adecuado (consumir antes de 2hs sin refrigerar), separar alimentos crudos de cocidos y el frecuente lavado de manos reducen los riesgos.
 Al año de vida se incorporan a la mesa familiar, anticipar prácticas frecuentes y recordar a los padres que el agua segura es la bebida ideal para cubrir las necesidades y no debe ser reemplazada por líquidos azucarados (gaseosas, jugos), estimular consumo de frutas y verduras y desestimar la incorporación de alimentos industriales (galletitas, golosinas y snacks).
Alertar sobre una etapa habitual de rechazo a alimentos nuevos (neofobia) alrededor de los 18 meses, que se supera sin disminuir la variedad de alimentos.
 El volumen de la ingesta puede variar de manera normal hasta en un 40% en diferentes días, propio de la conducta alimentaria a esta edad.
 Mientras la curva de crecimiento sea adecuada, se debe respetar la autorregulación de la ingesta sin intervenir. Se debe promover la continuidad de la lactancia. Cuando no es posible la recomendación es consumir 500ml/día de lácteos.
 El exceso desplaza otros alimentos y compiten con la absorción del hierro. Una muy buena recomendación es la de una alimentación variada y un buen alimento complementario es rico en energía, proteínas y micronutrientes, no es picante ni salado, el niño lo come con facilidad, le gusta, está disponible en forma local y es asequible.

Dra. Gilda Daroda. Presidenta SAP La Plata. Jefa de Servicio de Pediatría. Hospital Gonnet. La Plata.

Extraído del Libro Pediatría en red del ministerio de salud de la Provincia de Buenos Aires